Mujeres en sus almas transparentes se mecen bajo frondosos y verdes árboles, cuerpos incorpóreos que leve brisa lleva de un lado a otro y, como dice el poeta portugués Eugenio de Andrade … un cuerpo es el lugar de la furtiva / luz desnuda, de limoneros / cargados de pájaros / y el verano en los cabellos; / es en el oscuro follaje del sueño / donde brilla / la piel mojada / la difícil floración de la lengua ..
Es el cuerpo de mujer y su palabra, danzando en coreografías insólitas para ocupar espacios en la naturaleza, espacios de muros sin ventanas, espacio físico del taller de la artista, espacio que conjuga su existencia con el tejido metálico de la esencia femenina de mujeres, experimentaciones de lo real y lo imaginario, reelaboraciones de ideas y conceptos que introducen al público en un condicionamiento social y cultural de la cotidianidad femenina: cuerpo, alma, preocupaciones y realidades sociales. No es superfluo que Ariane Garnier implique y asuma en su vida y su trabajo de arte, una responsabilidad social consigo misma y con su comunidad femenina.
El vivir la experiencia del arte en una exposición de esta joven artista, es enfrentarse a contrates fascinantes entre lo dramático y lo emocional, entre lo bello de una poética femenina y su realidad física real. En las imágenes tridimensionales y transparentes, bien colgando o danzando en el espacio, o adosadas al muro cual relieves autosuficientes, tejidos en malla metálica de vestidos, vulvas, menstruaciones, aparecen subrepticiamente desde la profundidad de una transparencia, solo para ser percibidos en asociaciones metafóricas más que en significaciones contextuales de imágenes estereotipadas del universo de la mujer.
Si bien podría esta obra considerarse figurativa, son profundos los niveles de abstracción que se plantea cuando concreta los conceptos para realizar las mallas o tejidos en sueva tela metálica, sutil y transparente, que Ariane Garnier, se niega a considerar como simples objetos de la condición de la mujer. Existen y están allí, pero la artista los toma como fragmentos de un todo, en donde cada pieza crea su propio contexto significativo. Así, el trabajo de la artista, que al final resulta en una instalación de muchas obras autosuficientes, se hace efectivo desde el punto de vista plástico, visual y social. La artista respeta el color original del material que utiliza, animándolo con cintas de raso de intensos colores que tienen un carácter simbólico. La obra impresiona al espectador por su belleza y profundo contenido humano.
Una concepción espacial muy particular es la propuesta de Ariane Garnier, no solo en cada obra individual, sino también en el conjunto interactivo que dispara visualmente, cuando las presenta en un lugar específico como una instalación. Por otro lado, el manejo de la luz, en su caso una condición profundamente pictórica no cromática, resulta también en concreción de la propuesta plástica; las sombras proyectadas en los muros, convierten a estos personajes en protagonistas que dialogan con el público y proponen un segundo mensaje, menos inocente. En todo caso es un espacio-mensaje que intriga al espectador, le propone varias lecturas que permanecen abiertas, solo hay que acercarse a su significado, a veces oscuro otras muy claro, pero siempre poético que se manifestado, simultáneamente, en los niveles de lo sensual y lo racional.